Ya se ve en el azulado horizonte, avanzar la gaviota símbolo del nuevo emperador. Ya sonríe Rajoy mientras Zapatero, desconcertado por el fracaso de su política, se esconde aterrado de sus propios fantasmas.
Para que esto haya empezado a ocurrir, el futuro déspota, ha tenido que jugar sus bazas acorde al reglamento de sucesión en el gobierno y que nada tienen que ver con ganarse al pueblo español.
Creyó que por el hecho de ser nombrado a dedo por su antiguo jefe tenia asegurado el puesto en Moncloa, y no contó con su baja popularidad, la estrategia manipuladora y juego sucio de la casta contrincante (PSOE), y lo más importante, las fisuras internas de su partido al no estar de acuerdo, todos los cabecillas de los subgrupos, con su liderazgo, y perdió las primeras elecciones. Las segundas ya no contaba con la ventaja que otorga el poder gubernamental y unido a la poca contundencia de su oposición, también las perdió.
Esto debería haber sido suficiente para que desistiera de sus ambiciones a la presidencia, pero no fue así. Pronto comprendió que el pueblo no era tan importante, como afianzar el liderazgo dentro de su partido. Y esto supuso un largo periodo de lucha interna que termino el día que dando un puñetazo en la mesa dijo: “no olvidad que los candidatos los designo yo” (bastante democrático el Don). Mientras mantenía esta lucha interna omitía sus tareas como opositor y el simple de Zp aprovechaba para ir desarrollando, sin ningún obstáculo, sus locuras. A Rajoy esto poco le importaba, cuantas mas locuras cometiera Zp, más se hundiría en sus propios lodos, olvidando que era el pueblo español quien las sufría.
También estuvo, y actualmente esta, capeando la corrupción de su partido, la cual no puede depurar, ya que, no seamos ingenuos, todos los partidos de esta partitocracia y que ostenta al menos un Ayuntamiento se financian a través de la corrupción. ¿Qué controles existen, si no hay separación de poderes? Pero claro esto de la corrupción se queda pequeño ante la ruina a la que nos ha llevado el simple de Zp.
Sr. Rajoy he de recordarle, que mientras que usted se dedicaba a sus bastardas estrategias de poder dentro y fuera de su partido y que a mí como ciudadano me traen sin cuidado, el pueblo español ha sido empobrecido, destruida su capacidad organizativa y empresarial, reducido a la dependencia del mísero subsidio, endeudado hasta limites insospechados, sometido a la burla del resto de países que veían en nuestro representante a un cómico o un loco, desmembrada nuestra nación, fomentada la ruptura fraternal entre nuestras regiones, humillados ante los que nos asesinan, y usted no ha dicho ni pío.
Pues bien, usted será el próximo déspota de Moncloa, pero sepa que su legitimidad será siempre puesta en duda, ya que no ha sido sometido a la voluntad popular para ser candidato a la presidencia de nuestra nación.
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